Cenicienta Posmoderna

Por: Abril Carro González

Dieciocho años. La edad necesaria para que una chica pueda ir a cualquier “baile”, para que pueda comprar alcohol en un “Oxxo”. La edad perfecta para usar una tanga, un vestido pegadito, y tacones de 10 centímetros de altura. Una chica con pocas aspiraciones en la vida, que sólo quiere encontrar a alguien que la ayude a salir de la miseria que padece; algo así como un príncipe azul, aunque también tiene como propósito terminar su carrera en cosmetología, porque las mujeres de ahora ya son estudiosas y dedicadas. Pertenece a una familia clase media; su madre, cuyo único oficio radica en ser ama de casa; su padre, obrero de una enorme fábrica de partes de autos y dos pequeños gemelos, que representan dos metidas de pata en una.

 El reloj marca las diez de la noche, su madre empieza a limpiar un poco la casa antes de dormir mientras su padre se acuesta en la cama y prende la tv, ha sido un día duro en el trabajo y sólo quiere descansar, sus hermanos ya duermen en su respectivo cuarto, pues aún son demasiado chicos para desvelarse. Nuestra chica empieza a alistarse para salir.

Esmalte rojo para las uñas, base para el cutis, rímel para las pestañas, delineador y sombras para los ojos, rubor para las mejillas y labial para la boca. Cabello con crema, planchado y acomodado.  Zapatillas ¡no son de cristal! pero las compró en una plaza que se llama así. Un vestido de fiesta pegado y cortito color rosa  plásticoso, que se ajusta totalmente a su cuerpo y muestra sus curvas junto con un escote bastante atrevido. Este conjunto más todo el maquillaje, llega a ser incluso un poco mejor que los polvos mágicos de un hada madrina vieja y cansada.

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©Penacho

Su príncipe azul ya la espera en la esquina, dentro de su “Chevy, dos puertas”. Vino por ella porque no quería que cenicienta pagará un Uber; así podrían comprar más alcohol. Cenicienta espera a que su madre se acueste y tome su pastilla para dormir, toma su bolso y sale por la puerta sigilosamente. Dentro del bolso lleva lo indispensable para que ésta sea una noche mágica: cartera, Smartphone, labial, papel, condones, pastillas, entre otras chinches más. No lleva suéter porque sabe que su príncipe le prestará el suyo cuando la pobre se muera de frío.

Camina hacia el auto y mientras lo hace alguna vecina chismosa la ve por la calle; cuchicheará con las demás vecinas después, pero eso a Cenicienta no le importa porque su príncipe la recibe con una sonrisa y le abre la puerta del carro. “Los caballeros aún existen”, piensa mientras se sube sonriendo e intentando que el vestido que trae, no se le suba hasta la cintura. El príncipe enciende el vehículo y acelera revolucionando el motor, la música del estéreo empieza a sonar tan fuerte que Cenicienta tras unas cuantas palabras, deja de intentar hablarle de su día y él, deja de tener que intentar escucharla.

Ya en el lugar en el que acostumbran bailar y tomar hasta que el dinero se acabe, debe mostrar su INE al cadenero -su  decisión de dejarlos pasar será la más importante de la noche-, es como una invitación sin la cual no puedes entrar. Adentro se encuentran cientos de cenicientas más, algunas bailando con sus príncipes y otras intentando encontrar alguno. El príncipe, toma de la mano a Cenicienta y camina directo hacia sus amigos mientras les ve el culo a otras cenicientas, pues sus amigos están del otro lado del lugar y hay muchos culos de por medio. Saluda a todos y les presenta a su Cenicienta, al parecer lo estaban esperando para pedir, porque no sabían con cuánto dinero contaban, pero ahora si les alcanza para un “Bacacho” que comienzan a tomarse enseguida que el mesero lo trae a la mesa. La rutina del lugar es una especie de círculo en donde beben y bailan, beben y bailan; salsa, cumbia, bachata, reguetón.

Ya muy tarde, cerca de las 2 de la mañana, salen del lugar todos juntos con dirección al chevy, están muy cansados, ebrios, divertidos y muy felices porque uno de ellos acepto poner su casa para el “After”. De camino coche esta igual de ruidoso que la primera vez, pero ya no importa tanto porque el alcohol duerme las lenguas y no dan ganas de hablar, si acaso dan ganas de cantar y eso resulta bastante pertinente porque la música a alto volumen ayuda a ocultar los gallos y los pésimos tonos.

En la casa la música continua a un volumen altísimo, los vecinos se quejarán después, pero lo importante es lo que está pasando y no lo que va a pasar. Todos al llegar encuentran un lugar en la pequeña sala o sino, en el suelo junto a ésta y siguen con el círculo de beber y bailar. Antes de llegar pasaron previamente al “Oxxo” de la esquina a comprar unos “Marlboro mentolados” y más alcohol, unos “vasos rojos” y una bolsa de hielos.

Todos los príncipes están con sus respectivas cenicientas; bailando y cantando, algunos pocos que no encontraron a nadie esta noche se embriagan juntos con un juego de cartas en la mesa del comedor. El alcohol hace que el cojo baile y que el mudo cante, por eso la noche resulta tan mágica. También sirve como ayuda para enamorar, como un cupido posmoderno del que ahora no tendría sentido hablar y es tan mágico que antes de que acabe la noche todas las cenicientas se besan románticamente con sus príncipes mientras estos tratan de meter sus manos bajo sus faltas y nuestra cenicienta en especial, termina cogiendo en el baño con el suyo.

Sin embargo, el efecto del hechizo mágico termina. Realmente se vence a las 5 am, no a las 12 como se pensaba y Cenicienta tiene el rímel corrido, el cabello revuelto y el vestido manchado con cerveza. Va apestando a cigarro y tiene dos uñas rotas. Se acomoda el cabello y el vestido e intenta despertar al príncipe que esta tirado en la sala, junto a otros 3 príncipes más. Éste, yace plácidamente perdido de borracho y realmente no pretende levantarse por nada del mundo, mucho menos porque Cenicienta tenga que regresar a casa antes de las 6 am.

Esta Cenicienta debe de llegar a esa hora no porque se haya roto el hechizo sino porque es la hora en la que su madre se despierta para encender el boiler y preparar el desayuno, al irse no salé huyendo del príncipe, sale molesta con él, y no olvida su zapatilla de cristal para que el príncipe la encuentre porque él puede encontrarla siempre que quiera mediante un breve WHATSS. Así que con el hechizo roto, toda arruinada y bastante cruda, toma el camión de las 5 am. Lo que sigue no se apega para nada al cuento por lo tanto, no vale la pena ser narrado…