EL BAÑO VERDE

Por Nohemí Guadalupe González López

Tu cinturón café y tu reloj con temporizador -despertador constante que me molestaba al prender-,  siguen en la repisa del baño verde y sucio, no lo he podido limpiar porque he estado ocupada visitando museos, amigos, parques y leyendo cosas que antes no me gustaban y siempre deseé hacer cuando estábamos juntos. Pero sabes, siguen sin gustarme, tampoco he querido entrar mucho a ese cuarto de baño por eso, por la fea repisa que tu quisiste comprar contra mi voluntad aquella tarde en el mercado de Analco, esa vez, también me hiciste bailar frente a la gente y luego caminar hasta la vieja iglesia blanca, para entrar y revivir la tonta escena de Ángeles Mastretta , aunque tú ya sabias cuanto me molestaba esa novela. Insistías en hacer todo lo que no me gustaba, por eso tampoco pudé comprar el vestido negro y corto que hacía lucir mis piernas, porque simplemente a ti, no te agradó, en su lugar me compraste unos conversse del número 4, que ni siquiera me quedaban bien, me moleste y te lo hice saber, pero no te importó, y así podría contar las miles y miles de veces en que te dije que si no cambiabas me iría… pero terminaste por irte tú.

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La tarde en que te fuiste lloré mucho porque nunca había planeado mandar mi hogar a la ruina, no por ti, si no por nuestra casa, porque ahora quién iba a prender el boiler ¡lavar el baño! pero no por ti; porque pactamos nuestra sana separación; no te llevaste todas tus cosas en una sola ocasión por eso tuviste que regresar unas cuántas veces por más y más y más comida, y más trastes y más ropa y cada vez un poquito más de mí; y aun así dejaste aquí este escandaloso reloj que marca cada hora con un tono insoportable, y este cinturón café que aunque nunca te lo dije, me gusta mucho, tal vez lo olvidaste o tal vez sólo lo dejaste para que en la mente tenga como los saleros un “recuerdo de nuestra boda”, como si quisiera recordar esa tarde en el registro civil, la tarde en que olvidaste invitar a todos mis amigos y que solo me llevaste a casar a Hüaquechula con el pretexto de ir por unas buenas manzanas lecheras, aunque engañarme fue un buen detalle, me hubiera gustado no ir con el único vestido que tenía y que sólo me puse porque a ti te gustaba, pero me hubiera gustado más que me preguntaras si quería casarme contigo.

También dejaste la silla en donde comías por eso no he podido limpiar la cocina, la tele donde veías el béisbol y tampoco he limpiado la sala, en consecuencia la casa donde vivías. Te he recordado varias ocasiones por no decir diario. Una de esas fue cuando pasaba por Santa Inés, me encargaba de organizar la despedida de mi hermana cuando se fuera a buscar nuevos horizontes, estaba en busca de Mariachis y pase por esa iglesia donde comíamos chalupas, no eran las mejores, pero el pan de esa esquina era el que más te gustaba (por cierto esa noche estaba cerrado), sin embargo, no te recordé por eso, te recordé por que vi a una chiquilla tocando la cortina de la panadería, la vi por unos segundos al pasar a su lado, como si el tiempo se detuviese, tenía nuestra mirada de estúpidos la primera vez que hicimos el amor, me llevaste a un motel a mí me tenía muy intrigada saber que había en esas cavernas donde tantos consolaban  y muchos otros escapaban del amor, “estuvo bien” eso dijiste cuando terminamos y al cerrar la puerta para salir de la habitación preguntaste ¿no dejas nada? Mientras yo pensaba “sí, mi virginidad”; caminando por el pasillo, no me tomaste la mano como de costumbre cuestión que me hizo pensar si me querías o no , es increíble las tonterías que uno puede inventar solo por una tomada de mano, pero sé que me querías porque al día siguiente me llevaste a ver “Muratori” como yo le digo a la pintura de Vernet que tanto me gusta, cuando llegamos a Soumaya  te dije que lo cálido de la pintura me hacía sentir relajada, sin embargo a ti te gustó mucho más las esculturas de Dalí que yo ni forma les encontraba, eso fue motivo de otra pelea durante el viaje de regreso, terminaste conmigo a través de una cabina telefónica , y luego yo te pedí regresar con la incertidumbre de no saber que dirías tú.

He leído el primer cuento que escribí. No entiendo porque me dijiste que era bueno, todos en la editorial dijeron que era horrible, también escuche la canción de Silvio Rodríguez que entre bromas dirías que me haría pensar en ti, porque todo me conduce a ti, y claro que la casa me parece insoportable ¡Qué barbaridad! No puedo recordar algo contigo que no termine en diluvio; cuando dije que quería un laberinto, imaginaba que me compraras aquel libro de Paz, en mi mente también pasaba ir a Panoaya, pero como siempre tú tomaste todo con poca gracia y me metiste al laberinto de tu vida con la mía; a estas alturas de nuestra separación me siento como Soledad Montoya,  quizá sea momento de acostarme con alguien más, tal vez sea momento de arreglar mi vida o de desarreglarla más, o quizá sólo es momento de lavar el baño verde.