Lacrimosa

Por: Nohemi Guadalupe González López

Noviembre. La canción más bonita del mundo, suena; en ese instante mientras ve a través de la improvisada ventana los últimos destellos del sol del día se acuerda cómo conoció al amor de su vida: entró sigilosamente a la habitación de madera única entre el campo, ahí estaba;  el amor de su vida, se vieron a los ojos unos instantes, unos minutos…

Pero el recuerdo se difumina por el sonido del piano, violín, violonchelo, voz, trompas, percusión; el recuerdo le llega a la mente por el olfato, ese aroma tan penetrante y putrefacto del cempasúchil “flor de muerto” ¡que coincidencia! Ve hacía la cama mientras se sienta en el único banco de madera desgastada y apolillada que se encuentra por lo menos a diez kilómetros a la redonda de ese preciso lugar, la cama, destendida, el sillón, desordenado, la mesa, inexistente, televisión, un canal, cacharra de sonido, sonando, chamarra, de cuero, botas; apenas se aprecia lo que sobre la destendida hay, apenas se toma la figura, ¿animal? Si, del reino animal, ¿mamífero? Si, mamífero, ¿sangre? Chorreante, ¿sobrevive? ¡Qué cuestión!

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Come un pedazo de pan, pan duro; deja el arma sobre el piso, abre el refrigerador ¿Qué hay? Moho, hongos, una lata de jugo caducada por supuesto, la bebe y se limpia la barbilla por donde resbaló el líquido en descomposición, una biblia, ahí hay una biblia y la persona es católica, no reza, no implora, sólo, ve la biblia y puede recodar a Bartolomé, ahí sus manos delgadas y con grumos deteniendo la biblia, ve su dedo medio, un padrastro, que le molesta al peinarse la larga y pulcra cabellera que le gustaba al amor de su vida y así comienza a desollarse la piel, comenzando por el pequeño dedo medio.  Abre la boca apenas para quejarse por el dolor que causa arrancarse la piel de buenas a primeras sin antibiótico, ni anestesia, sin antidepresivo, abre la boca y se ven sus dientes limpios, adecuados para rasgar cualquier tejido. ¿Cuánto ha pasado? Unos minutos por eso el amor de su vida, sigue chorreando, terminó, si terminó.

¡Alguien a sus espaldas! Voltea y ve la figura de una persona, pero antes de atender a esta, va a la cama quita la sábana del bulto, se acerca cuidadosamente y le da un beso, en el cuello aun chorreante de sangre, una lagrima de pronto emana de sus ojos, una lagrima y un sollozo, le susurra al oído “el amor de mi vida” ¿miedo? ¿Quién tiene miedo? Apunta la mirada hacia los clavos y luego hacía la persona recién llegada, se miran a los ojos unos instantes, unos minutos después ¡BANG, BANG! ¿Fue un golpe? ¿Fue una bala? ¿Un martillazo? Lacrimosa dies illa…