Soliloquio del etílico

Por: A. Miguel Topiltzin

Primera llamada del megáfono (de letras) con sonido a caracola. Anuncia el mediodía. Las campanas de la iglesia dejaron de tocar, el sol empieza a calentar y la neblina de la mañana a desaparecer…

Hoy es un buen domingo, en la tardecita en la esquina de un pueblo siempre joven y alegre en un día cualquiera de verano. Sus habitantes viven la orilla de una gran puerta hecha de zafiro y su pueblo está delimitado hacia afuera por un camino ajedrezado, en medio de la sierra.

Hay una plazuelita con un quiosco octagonal en medio de un parque repleto de mariposas azules y violetas paseando por una vereda de rosas y lavandas esparcidas por pequeños tramos. Hay también una enorme fuente hexagonal con base cuadrangular hecha de mármol blanco en cuyo interior había salmones y en medio un cúmulo de flores de loto y tres grandes chorros de agua mojaban la coronilla dándole una leve brisa al ambiente. A lo lejos un sujeto tambaleándose, como jalado por un hilo, resistiéndose, cada paso atrás, dos delante, uno de lado, y al otro lado; se aproxima cada vez más. Empieza a hablar y desconcierta a todo el mundo con olor a urea y botella en mano (¿presidente?), cuyo atuendo elegante luce hoy vomitado.

-He visto hoy en día a muchos rezagados hijos de Helios a quienes la Gran Serpiente ha vomitado por tibios…-gritó- Qué felicidad se siente sin embargo, contemplar cada quien nuestro sol sin su abrazo predilecto pues dicho abrazo augura muerte. Sin embargo siguen esperando con ansia el rayo que presagia la tormenta pero deseando que no los toque por temor a su fulgor que despedaza la materia y cristaliza las arenas. ¡Oh, hermosas son las tormentas! Purifican la tierra ahí mismo donde inundan, pero solamente inundan la que es extraña a sus proporciones… Un caudal vacío marcado por piedras blancas no se inundará a su paso, mas el río que parecía rebosante se desbordará aniquilando a su población soberbia; la misma que antes se jactaba por dones que no le pertenecían y que mejor dicho se le eran prestados y además, dentro del mismo arrebato algún simio decidió calificar de tácito venderla setenta veces su valor.- mientras hablaba no dejaba de escupir con cada palabra, y todos lo contemplábamos, sin saber que decía-.

Los del desierto morían así.  Saciado es el que busca, pero ¿Es que a veces nos saciamos en el lugar incorrecto? O se nos ha hecho pensar que lo hacemos ¿O es que se nos ha hecho no pensar en ello de la misma manera en la que convencieron a los restantes de que “nada nos pertenecía” y solamente ellos tomaron lo que rechazamos por pereza y comodidad? De repente todo era de ellos y nosotros míseros somos. Sí mis hermanos, el que tiene entendimiento lo ve, sobre todo quien tiene más de una vida en el rostro y desprecia su cuerpo ¡No debemos sacrificar el cuerpo! ¿O es acaso que sí debemos? Hace más de dos mil años que se nos prohibió el suicidio sobreentendido pero claramente implícito en la “leyenda”: “No matarás”. ¿O será el mismo tímido movimiento de quien juega entre las sombras por ser cobarde y avaro? Los hijos deformes del lobo hambriento y la serpiente se encuentran como los más peligrosos entre nosotros los que caminamos viendo con un ojo al cielo y otro a la tierra, tremendamente viscos puesto que no tenemos tercer ojo que nos obsequie una visión panorámica tan necesaria. Muchos nunca han renunciado al deseo absurdo de poseer lo que nunca será realmente  suyo pero cuyo peso los arrastró a su primera, su segunda y hasta su trillonésima quinta muerte sin haber escuchado nunca al canto de la caracola o sin haber visto esas deslumbrantes escaleras que aunque no son de porcelana ciertamente, desean ser subidas y atraen como un imán eterno a sus astilladas partecillas.

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Es para mí preferible morir por los caudales del río a vivir cobardemente temiéndole a la tierra que se desborda la cual no haría más que reclamar lo suyo. Y como si hubiese la tierra devuelto o evitado los frutos todavía verdes, sin carmesí en las venas. Es tanto gracioso, como grosero (y sin fin de calificativos negativos) que nosotros nos adjudicamos como especie, el permanente y luego inalienable derecho de abusar de nuestros recursos naturales así como de plagar la tierra con más peste que la oda a la creación que deberíamos ser. Si la tierra fuese tonta, creería que somos las langostas con cola de alacrán que la atormentaran hasta su muerte y que curiosamente nos inventamos bombas y perforaciones que la fracturan cual meteoritos. De eso estoy seguro.

(Empieza a eructar e inmediatamente le da hipo, comienza a caminar en círculos pequeños) -Los llamo “reptilianos”- (Balbucea). -Y son los más codiciosos entre nosotros. Para todo existen excepciones claro está, pero dicha peculiaridad los abrasa cual boa y sin embargo muchos viven presos muriendo hasta 40 años de vida chamuscando con gangrena todo lo que tocan. Y por si fuera poco, como si el mercurio también pudiera gangrenarse; entra en sus cuerpos cambiando de forma y huyendo de darles muerte. Caso contrario a los hijos del sol, ellos no escuchan la verdadera voz que emana de sus estómagos y el estómago enojado le niega la muerte a su conciencia confabulándose con el mercurio eterno, pues nunca hubo amor entre la cabeza y el plexo y dentro de esta discordia; nunca regula el sexo una pelea, pues ese necesita de la completa armonía de todos los cuerpos. Hay que cuidarse de esto pues entre el plexo y la cabeza se encuentra el pecho y la cara. Auténticas cajas de resonancia para el conflicto interno y eterno son, hay que cuidarse de no herir sin intención.

Siguiendo con las serpientes, pueden ser dragones escamosos o asesinos cautelosos como serpientes de campo, que cuando te gana el cansancio  entre sueños escuchas como si te hablara el camarada sin saber de la mordida ya calculada que estando en el cuello rápidamente hará su trabajo y sin probabilidad de error. Curiosas son para mí las serpientes pues a ellas no les daña el veneno propio.

El dragón es poderoso pero astuto, a pesar de ser tan desastroso y su tesoro muy grande no cae en vanidad y lo lleva a las plazuelas para retar a los peregrinos porque sabe que toda fuerza tiene su límite, y que si todo el pueblo se volviera contra él y lo atacara para robar lo robado no tendría oportunidad. En cambio se recluye lejos, donde no sea fácilmente encontrado. Un dragón nunca viviría entre pueblerinos. Su hermano es más su hermano mientras más cerca de sí vivan, pero hay tipos de cercanía y un verdadero hombre no conoce de banalidades más que cuando no se está hablando en serio. Hay que procurar no faltar al respeto respondiendo siempre menos de lo esperado. Por eso admiro a las serpientes venenosas y a los dragones policromados, conocen bien sus limitaciones y usan bien su fuerza, así que se ocultan cuando es preciso;o dejan de ser cobardes, pero ¿Quién es tan fuerte que pueda encarar sólo una legión entera? Por más fuerte que se sea hace falta un ejército.

Un guerrero podría hacerse cargo de varios enemigos pero indudablemente no importa qué tan bueno sea, pues si un golpe nunca se le escapara por el frente indudablemente le atacarán por la retaguardia y morirá, pues su habilidad que pudiera parecer un tercer ojo no ve lo que por detrás viene. Lo sabe, de alguna manera lo presiente; sin embargo aunque lo intuye nadie tiene brazos en la espalda para escapar a su destino, que nos sigue desde el momento en que de verdad nacimos.

A los últimos yo les llamaría “los restantes” y no porque carezcan de relevancia o sean pocos en sus filas sino porque “restan” todo a su paso. Tratan siempre de minar la expresión de sus cercanos o de quitarnos segundos de vida a los humanos, como si obrar así no afectara a todos y en cierta parte al todo. Pero nada desaparece y el gran plan es perfecto, aunque creyéramos no ir en su cause hacemos cada quien lo que nos toca y dicho plan funciona porque hemos dejado de decidir realmente y obrar distinto. Tal vez pelear. Pero en especial esta clase de personas restan de las filas a los hijos del día y de la noche, haciéndolos otra vez tibios o aún peor, asesinándolos sin testigos. Justicia ciega hay para quien ciego camina. Tratan de hacernos más dóciles cada vez, nos acarician todos los sentidos y caemos de rodillas por más de lo que nos dejan quedarnos parados para poder retribuirles lo que han en cierta medida robado. Es el leviatán de los dientes robados que nos usa como muelas y dientes para luego tragarnos también. Increíble animal que mantiene con vida a su alimento para digerirlo más veces, hasta que caduca y muere.

Millones más de personas veo, pero son sobrantes. ¡Increíble que los sobrantes excedan las mayorías! Pero todo depende del cristal con que se mira. Y algunos cristales hacen de lupa de vez en cuando.

Nadie se da cuenta de la necesitada balanza y quien la ve necesaria hace como que ve a la nada, todos somos necesarios pero nadie es indispensable. Todos cumplimos un rol en mayor o mejor forma y la gente sigue sin pensar objetivamente.

¿De qué me serviría ser el mejor especialista en neurología sin alguien que cultive lo que yo hoy como? ¿De qué me serviría un abogado o economista en medio de la sierra? Y aún así despreciamos a las únicas manos que en realidad bendicen cada paso de la humanidad con su sutil beso, la fragancia de su presencia a tierra mojada nos huele a majadería. ¿Por qué despreciamos a quienes más necesitamos? Y aún mucho peor ¿Qué clase de mierda somos cuando hacemos que se desprecien ellos mismos? Ellos son humanos y miles de veces más humanos que otros. ¿Por qué encasillamos todo? Porque somos ignorantes…

(Solloza) ¡A Gea!, pues, señora abogada nuestra; a ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas… Valle que nosotros hemos ido creando.

¿Por qué? Tal vez porque todavía hay mucha discriminación. Irónicamente la gente insulta a sus diferentes por no ser iguales y viceversa. Ciclo eternamente estúpido. Bendito sea el día que dos personas completamente diferentes pisen la tierra pues cargarían cada quien una minoría en su persona, y de las minorías están hechas los reinos celestes. Reinos que se limitan  a mostrarse en una que otra Epifanía por lo inmadura de la sociedad. El hombre no es sabio todavía pero tal vez nunca o sea. Hasta en la naturaleza existen los patrones y nosotros sabiendo álgebra no los reconocemos ni en nuestro caminar. Sabrán de mí después y libre no amanezco… Y que se guarde de mi amargura la tierra otro día.- (Se acuesta y llora amargamente, desentonando aquel día; pero rápido se queda dormido… Para no despertar)

-¿Y alguien sabía el nombre del borracho? (alguien preguntó en voz alta).

-No, pero da igual, estaba loco. Ahora su cuerpo servirá para algo ¡Que sea donado a la ciencia si todavía le sirve algo! (alguien lanzó la primera y única respuesta).

Todos siguieron caminando en la plazuela, volvieron al trabajo, hasta el borracho acepto ser un simple borracho.