Ayotzinapa, ignoremos el crimen

Por: Hermes Adan Aguilar

Hace dos años, iniciaba la carrera en la facultad de Derecho. Un acontecimiento inundaba de indignación todos los medios de difusión nacionales y era cita obligatoria en cada artículo dedicado a nuestro país en el extranjero. Ayotzinapa, en aquel momento y hasta la fecha el sólo mencionarlo es una situación que pone tenso el ambiente donde uno se encuentre. El debate se ha tornado alrededor de quien fue el responsable de la barbarie perpetrada contra unos estudiantes. En este punto hay que ser reiterativos, estudiantes; tenían la misma edad que yo y el resto de mis compañeros.

Escribo estas líneas para que no se olvide que eso fue un crimen de estado del cual la alienación civil es parte. En ese momento no podía esgrimir argumentos que no fueran viscerales. Ahora creo que puedo hacer una mejor defensa de las palabras que sostengo. El Estado fue responsable.

En los últimos cincuenta años, la política del país cambió y el estado ha dejado de ser una figura imponente y restrictiva del capital con el sueño de cumplir las promesas constitucionales de Estado social. Las normales rurales han sido sistemáticamente criminalizadas. Si bien no se pueden justificar las conductas violentas que como antecedente tenía la Normal Rural Isidro Burgos, la realidad es que  fueron  orillados a esas acciones cuando se les dejó de enviar el dinero necesario para su subsistencia. Esto  no justifica los actos violentos, pero en todo caso, si hubieran cometido delitos, existen instituciones encargadas de prevenir y castigar esas conductas, para eso funcionan las instituciones encargadas de impartir justicia en el país, (¡¿para que sirve el Estado de Derecho?!) las cuales han sido rebasadas constantemente.  Cuando en contra se dan argumentos de que esos muchachos no tenían que estar ahí, que eran delincuentes, que se lo habían buscado. Son sintomáticos de una sociedad  en la que las leyes son letra muerta. La función primigenia del estado, el uso exclusivo de la violencia, se mostró falsa cuando las fuerzas policiales municipales entregaron a los 43 estudiantes a un grupo civil Armado.

puebla-protestas-ayotzinapa

Se demostró en una catastrófica manera el agotamiento del discurso del viejo PRI. Discurso izquierdista en el cual la función ideológica (Althusser, 2003) necesaria en el ancho del pueblo y proyecto Cardenista se vio cristalizada en la implementación de escuelas de educación básica, y con la imperiosa necesidad de obtener profesores en los rincones del país, se crearon las escuelas normales rurales (Lorenzo, 2011). La acción de oposición, no debe criminalizarse, en ninguna circunstancia es justificable que la policía entregue estudiantes vivos a un grupo criminal. Eso es ofensivo para cualquier bloque ideológico, para cualquier ser humano. Hasta el más recalcitrante liberal estaría de acuerdo en este punto conmigo. Pues si en lo único que se concuerda históricamente es que el Estado ha de ser quien juzgue y no los  particulares, menos aún los grupos criminales.

En el caso particular del que escribe vivió. Maestros y alumnos decidimos que era una pérdida de tiempo hablar de los muchachos desaparecidos ¿chairadas?  La crítica concreta por si no he logrado transmitirla adecuadamente es que las instituciones educativas nos han formado alejados de la realidad y ni teniendo la constitución en mano somos capaces de entender que un grupo de policías, un cartel y un matrimonio de mafiosos asesinando y desapareciendo a un grupo de estudiantes, baleando a un camión de niños que van a jugar fútbol no es justicia. Lo único que podemos hacer es no dejar que se olvide, no podemos dejar que se siga normalizando la violencia, ni dejar que quienes padecen las atrocidades se les sigan justificando ser abusados. Pues como Arendt apuntaba sobre la banalidad del mal: “El problema con Eichmann fue precisamente que muchos fueron como él, y que la mayoría no eran ni pervertidos ni sádicos, sino que eran y siguen siendo terrible y terroríficamente normales. Desde el punto de vista de nuestras instituciones legales y de nuestras normas morales a la hora de emitir un juicio, esta normalidad es mucho más aterradora que todas las atrocidades juntas”. De nosotros depende dejar que la ley e instituciones no sean más que letra muerta.