La República Platón: Interpretación filosófica de la Justicia

Por: Isaac Riquelme

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Como estudiosos de las ciencias sociales, debemos estar comprometidos con el funcionamiento de la sociedad, por ende es de nuestra total incumbencia el estudio de la justicia, pues si no contamos  con nociones de la misma difícilmente  entenderemos lo fenómenos políticos que se presentan día con día. Para ello consideramos que se debe comenzar con la revisión de los argumentos de Platón que se encuentran en sus diálogos Principalmente lo abordado en los dos primeros libros de su República, teniendo en cuenta que se debe primero comprender la situación política que se vivía entonces, por lo tanto también estudiaremos la época de manera breve a la que perteneció este autor.Platón crece dentro de una familia  aristocrática en la Grecia antigua en la Atenas del siglo IV A.C.  en donde a diferencia de nuestros actuales Estados-Naciones, existían Ciudades-Estados, que se encontraban no solo demográfica y geográficamente reducidos, sino también organizados de manera completamente distinta. Por lo que quizá algunos de sus planteamientos no sean de todo compatibles con la realidad actual, sin embargo, como veremos a lo largo del ensayo existen principios que tal vez nunca lleguen a perder vigencia.

En el primer apartado Justicia en Platón, nos proponemos dar respuesta a las siguientes interrogaciones ¿Qué era la justicia para Platón? ¿En dónde encontramos sus planteamientos? ¿Son vigentes los planteamientos platónicos?

En aquel entonces las clases sociales que estaban delimitadas a la función con la sociedad: artesanos, guerreros, hombres de gobiernos; pero también  había esclavitud y estos últimos no podían participar en asuntos públicos, de manera que se encargaban del trabajo manual y pesado con el propósito de que los hombres de gobierno fueran condonados de realizar dichas actividades y tuviesen el tiempo y la energía suficiente para dedicarse a la política. Hoy en día es impensable hablar de esclavitud con la naturaleza de aquellos tiempos, pero en su momento era bien vista debido a que agilizaba el funcionamiento de los gobiernos, tampoco hay que prejuiciar a los autores, por sus posturas respecto a la esclavitud, (precisamente por eso nuestra insistencia en estudiar su contexto) permitiendo así procurar el bienestar de la comunidad.

En aquellos años emergía la democracia directa en donde participación activa se daba  no solo con los designados a algún cargo público, sino todos los varones  adultos y libres mediante una asamblea que tenía en promedio diez sesiones por año, a diferencia de las democracias indirectas que nos rigen actualmente, en donde teóricamente se eligen representantes que se encargan de velar por nuestros intereses. Como podemos ver la justicia necesariamente será planteada y aceptada de modo distinto bajo estas condiciones, hoy sería imposible congregar a la totalidad de los adultos de un país y más aún que les fuese brindada la oportunidad de opinar, a pesar de ello no consideramos injusto que no se nos incluya a cada individuo en la vida política, pues lo tiempos cambian y debemos adecuar los principios a nuestra realidad actual, de modo que no solo plantemos principios normativos ideales, sino que también trabajemos con elementos realmente existentes rescatando parte del legado griego .

“La mayor parte de los ideales políticos modernos, como por ejemplo, la justicia, la libertad, el régimen constitucional y el respeto al derecho o al menos sus definiciones comenzaron con la reflexión de los pensadores griegos sobre las instituciones de la Ciudad-Estado. Pero en la larga historia del pensamiento político, el significado de tales términos se ha modificado de modos muy diversos y hay que entenderlo siempre a la luz de las instituciones que habían de realizar esas índoles y de la sociedad en la que operaban esas instituciones. La Ciudad-Estado griega es tan diferente de las comunidades políticas en que viven los hombres modernos, que pintar su vida social y política requiere no un pequeño esfuerzo de imaginación” (Sabine, 2012, P.31)

Era también inconcebible el descuidar del todo los asuntos públicos por poner toda la atención en los propios, tanto que quien no se involucrara en lo más mínimo en la política de su comunidad era considerado un inútil, siendo la política entonces asunto de todos.

“En la concepción ateniense, la ciudad era una comunidad en la que sus miembros habrían de llevar una vida común armónica, en la que había que permitir tomar parte activa a tantos ciudadanos como fuera posible, sin discriminaciones basadas en el rango o la riqueza y en la que se encontrasen  canalización espontánea y feliz las capacidades de todos y cada uno de sus miembros.” (Sabine, 2012, P. 39)

La filosofía de Platón es sumamente amplia y si bien encontramos en diálogos como el Protágoras, el Banquete y Apología reflexiones acerca de lo que compete al hombre por lo tanto a la política su pensamiento explícitamente político lo hallamos en tres diálogos: La República el Político y las Leyes. Desde luego el abordaje es totalmente distinto en cada uno de ellos ya que fueron escritos en diferentes etapas de la vida del pensador ateniense.

Para fines del presente ensayo retomaremos únicamente los planteamientos que se encuentran en los dos primeros libros de la República, pues es ahí donde surge la idea original de justicia, además de ser el diálogo más famoso de Platón. Siendo la Republica un diálogo socrático, es menester recordar que es Sócrates quien habla a través de Platón, interactuando con otros personajes. Esto no implica que la obra sea de Socrátes, sino que Platón reproduce su pensamiento como miembro de los diálogos.

Una de las principales razones que lleva a Platón a escribir la República es que los Estados se encontraban en constante crisis las cuales se vivían día con día en las polis griegas, por lo que no solo crea un Estado ideal sino también hace un análisis crítico de la realidad que entonces se vivía y una de las más notables problemáticas que él veía era diferencia abismal entre las clases sociales y como estas al ser injustas podían en determinado momento traer conflictos a la comunidad, claro está que no solo se defendía a la justicia para alcanzar la plenitud política, también era sumamente necesario el reforzar otros elementos, de manera que los extremos en cuestión de distribución de la riqueza sean reducidos, lo cual implicaría un verdadero reto como lo analiza George Sabine.

En el libro I participan cuatro personajes: Sócrates, Céfalo Polemarco y Trasímaco, en este libro se aplica explícitamente como en la mayoría de los diálogos socráticos la mayéutica y en primera instancia se crea una discusión  sobre la vejez, misma que lleva de manera apresurada a la primer idea de justicia, pues se dice que aquellos quienes han recibido serán más sensatos que quienes han construido su fortuna de manera personal, tanto que cuidaran en demasía sus riquezas por lo que pueden actuar no solo de manera injusta sino también irracional y egoísta, por lo cual Céfalo le dice a Sócrates que la fortuna siempre será mejor manejada por un hombre sabio, pues este actúa con ética en todo momento teniendo así una conciencia tranquila. (Platon, 2014, P. 15)

Sócrates responde argumentando que en ocasiones es justo decir la verdad  y decir aquello y devolver aquello que fue depositado pero no siempre, pues si una persona se torna irracional o bien padece alguna incapacidad o enfermedad mental, puede hacer mal uso de aquel bien, de igual manera se entra en una controversia bastante compleja sobre si se debe beneficiar a los amigos y perjudicar a los enemigos ya que no en todos los casos es aplicable y sobretodo útil el tener la capacidad de ser justo, aunque parezca contradictorio. Se apunta además que quien posee la capacidad de beneficiar forzosamente también tendrá la capacidad de perjudicar por ende de ser justo e injusto a la vez o yendo más a fondo tendrá la libertad de decidir que comportamiento tomará.

Una de las ideas más citadas de Platón en la República, suele ser que la justicia consiste en dar  cada quien lo que le corresponde, sin embargo, se debe ser cuidadoso en la interpretación y no tomarlo en el sentido estrictamente literal, ya que puede haber distintas percepciones, no por nada existe una gran divergencia en el mismo diálogo al momento de planteare esta tesis. Veamos cual fue el planteamiento original:

“Y por medio de la justicia, ¿los justos pueden hacer injustos a otros? En resumen, ¿los buenos pueden hacer malos a otros por medio de la excelencia[1]? – no imposible… Por tanto no es función del bueno perjudicar, sino de su contrario… Entonces no es función del justo perjudicar Polemarco, sea a un enemigo o a cualquier otro, sino de su contrario el injusto – en todo me parece que dices la verdad, Sócrates- repuso el – En tal caso si se dice que es justo dar a cada uno lo que se le debe y con ello se le quiere significar que el hombre justo debe perjudicar a los enemigos y beneficiar a los amigos, diremos que no es sabio  hablar así, pues equivale a no decir la verdad, ya que no se ha mostrado que en ningún caso es justo perjudicar  a alguien. “(Platón, 2014, P.22)

[1] Previamente se dedujo que la excelencia humana es la justicia.

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Como podemos observar no sería correcto ni mucho menos  ético que solo se beneficiara a los amigos, pues estos pueden comportarse de manera errónea, mientras que los amigos pueden tener una pulcritud moral, o bien si uno tiene la capacidad o el poder para juzgar a un amigo y a un enemigo por alguna falta similar, se tiene que adoptar una postura imparcial, pues  si uno se inclina por absolver, al amigo y condenar al enemigo, se estaría usando la justicia  injustamente, pues la función de la justicia es la de abogar por los inocentes y hacer que los culpables paguen por su falta como bien lo dice esa frase tan popular “la justicia es ciega”. Tampoco es menester casitgar excesivamente a los injustos, en todo caso, ¿cómo medir proporcionalmente una pena, en base a determinada conducta? Aunque por lo general no suele ser así.

Es por ello que se deben elegir no solo a los más capaces, sino a aquellos que posean la virtud y la excelencia (en sentido platónico, la excelencia del alma es el conocimiento, la justicia es una virtud implícita a este conocimiento), pues se tendrá plena confianza de que ellos harán su labor con honestidad y valor, como lo apunta de manera precisa y convincente el alemán Leo Strauss (2014).

“Y ante todo muy pocos podrán determinar sabiamente  qué cosa y en qué cantidad son  buenas para el uso de cada individuo… Sólo hombres de sabiduría excepcional pueden hacer esto. Nos veríamos obligados entonces a que la sociedad fuera, gobernada, por hombres simplemente sabios, Filósofos en el sentido el sentido extremo del término, que ejercieran poder absoluto. De este modo la reputación de la justicia que tenía Céfalo, contiene la prueba de la necesidad del comunismo absoluto en el sentido definido, así como el gobierno absoluto de los filósofos.” (Strauss, 2014, P.45)

Otro argumento del que forma parte el debate es que la justicia es aquello que conviene al más fuerte, es decir, lo que le conviene al que tiene el poder sobre los demás, desde luego trasladando lo anterior al contexto político, pues primeramente se dice que esto se debe a que son los gobernantes los que deciden las leyes, y los que las imponen. Por ende   dichas leyes estarán en función de sus propios intereses, y las cuales tendrán que ser acatadas por los gobernados, en caso de incurrirlos, recibirán una penalización, sin embargo, esto no es del todo cierto, pues al ser los gobernantes humanos tienen la posibilidad de errar en sus decisiones, e implementar inconscientemente estas, aunque les perjudique y aún así al estar estipuladas, los ciudadanos no tendrían más elección que cumplirlas. Ademas es el fuerte no necesitará la justicia, el que la necesitaría es el débil, por ello es importan asegurar a los débiles de los fuertes.

Posteriormente, a través de la mayéutica, Sócrates logra persuadir  los demás de que el gobernante no tiene la función de trabajar en lo que le beneficia a él como ente individual, sino lo que le beneficia a los que están bajo su cargo, o sea a los gobernados. De ahí que la política busque el bien común.

De la misma manera Sócrates logra exponer elocuentemente, el por qué es mejor la vida de un hombre justo que la de un injusto, a pesar de que aparentemente la vida de un injusto es más dichosa y abundante. Porque el virtuoso es necesariamente un hombre bueno y sabio, mientras que su contrario, es decir, el malogro, será por tanto malo e ignorante y mientras el virtuoso nunca intentará aventajar a su homologo sino a su antónimo, el malogro deseará ciertamente tomar ventaja de ambos, siendo este, el comportamiento común de un injusto el cual, por ende, es un amoroso, un despilfarrador y un tirano con el mismo.

Si  bien pudiese parecer que el injusto es aquel quien tiene una mejor vida, porque no le interesan los asuntos públicos y por tanto no se involucra, sino más bien sus intereses son el acumular riquezas y velar por sus intereses privados, lo cual le permitirá tener un mayor número de propiedades, mientras que el hombre justo gobernará con desinterés, pues no recibirá una retribución proporcional a la función que desempeña, la cual no realiza con el fin de obtener una remuneración, sino por deber, aunque en ocasiones  si le otorga un reconocimiento que incrementará sus méritos o de igual manera podrá recibir un sueldo modesto. De ahí la idea que posteriormente se retoma como “gobierno austero”, Sócrates también plantea que la mayor motivación de un hombre justo para gobernar, es que este al ser el mejor deberá asumir dicho cargo de lo contrario, alguien con  menor capacidad tomará su lugar, y que peor castigo que estar bajo el mando de alguien inferior.

Siendo la justicia la excelencia humana, nos permitirá tener una vida plena y óptima, la cual no puede permanecer en el individuo, sino más bien en su naturaleza, es decir, en la sociedad, por ende la praxis política debe estar plagada de justicia, en donde el hombre virtuoso se encargará no solo en el oikos sino también en la polis, alcanzando así el fin de la política, por lo tanto también la felicidad.

“Debemos examinar lo siguiente: hay dos funciones del alma que ninguna cosa distinta de ella podría cumplir. Por ejemplo, el prestar atención, el gobernar, el deliberar y todo lo de esa índole…  El alma justa por ende;  el hombre justo vivirá bien; en cambio el injusto no…quien vive bien es feliz y bien aventurado, al contrario de quien vive mal… es más provechosa la justicia que la injusticia.” (Platón, 2014, PP. 44-45)

Como podemos apreciar, estas proposiciones  normativas de Sócrates, nos indican que nosotros como animales políticos y pensantes, que pertenecemos a este mundo y que formamos parte del mismo, poseemos una naturaleza, el vivir en sociedad y para poder tener una buena convivencia con lo demás miembros de la comunidad se necesita forzosamente la política y desde luego quieres se hagan cargo de ella, que para Platón debe ser el Filósofo convirtiéndose en Rey o bien el Rey convirtiéndose en Filósofo, pues este poseerá la excelencia humana que es la justicia, lo que le permitirá tomar las mejores decisiones, no en su favor sino en busca del beneficio colectivo, esto gracias a la sabiduría que se encuentra en él. (Véase, Breve Estudio Teórico Del Desarrollo Histórico De La Concepción De Estado, Palestina).

Sí lo trasladamos a la actualidad, ciertamente observamos que las idea y fundamentos de Platón no están agotadas, todo lo contrario siguen  vigentes, aunque no del todo presentes en la conciencia colectiva. Por ello la importancia de retomar su filosofía política, la cual nos auxiliará en la creación de una cultura política, misma que mejorará el desempeño de los actuales sistemas de gobierno. Dotando a lo que funciona políticamente con una ética.

REFERENCIAS

Platón (2014) La República. Gredos Colección de Grandes Pensadores.

Sabine George (2012) Historia de la Teoría Política. FCE

Strauss Leo y Cropsey Joseph (2014) Historia de la Filosofía Política FCE