Confesionario

Calavera

Ilustración (RiddickArt), Mark Riddick.

Hace unos días,mientras esperaba mi turno, para una entrevista de trabajo observé mi reflejo entre el vitral de la recepción y la corta falda color rojo de la secretaria, no presté más atención sobre aquella falda para enfocarme solamente en mi imagen (no por vanidad, si no por lo que veía en ese momento) era claro que era yo, pero no me reconocía,  en ese instante comencé una discusión interna ¿qué jodidos hago aquí? ¿Por qué visto de traje? ¿Qué me motiva a tener un empleo como este? Con un tono de voz apenas audible reconocía las preguntas de la persona que hacía las entrevistas, un tipo de aproximadamente unos 50 años, que a simple vista parecía fastidiado, amargado por la vida, además, sus preguntas me parecían estúpidas, innecesarias, incómodas, poco o nada coherentes, comenzaba a ponerme nervioso, no por la entrevista, era algo más, algo como una sensación de extrañeza, sentía la necesidad de salir de ahí, aflojarme la corbata que para entonces casi me había ahorcado, pararme, atravesar aquella puerta, y sin voltear atrás gritar ¡No necesito esto! Levantar la mirada y seguir mi camino, ese parecía el plan, eso ordenaban todas y cada una de mis fibras humanas, sin embargo, algo parecía atarme a ese lugar, una fuerza invisible me sostenía a aquella silla, seguía sin reconocer mi rostro, pasaron muchas cosas por mi cabeza, pero volvía a lo mismo, no me reconocía.

Volteo a ver a los demás y me doy cuenta que he mutado en algo muy similar a ellos, evadía sus miradas como si el contacto visual fuera a transformarme, una gota de sudor resbalaba por mi frente, no aguanté más, salí por unos minutos de aquel lugar con el pretexto de contestar una llamada, me recargué en el auto de enfrente, encendí un cigarro, tomé aliento,  y volví a ese infierno, en la entrada antes de regresar a mi asiento, volví a observar aquel cartel que a vista de todo mortal decía “Estamos contratando” yo más bien leía “Estamos reclutando”  me senté de nuevo, y volví a cuestionarme, ¿Por qué regresé? ¿Qué me está pasando? ¿En qué me estoy convirtiendo? definitivamente no quería estar ahí, Pude haberme ido en cuanto salí, en fin, estaba ahí de nuevo.

Casi era mi turno, sentía la mirada de todos sobre mí, como si fuese completamente diferente a ellos, como si no perteneciéramos al mismo planeta o no habláramos el mismo idioma, quizá se dieron cuenta de que encendí un cigarrillo, no creo que ellos nunca lo hayan hecho.

Pasaron algunos segundos para que la secretaria rompiera con aquel incomodo silencio, llamó al siguiente.

Era mi turno.

Antes de pararme sentí una sacudida que me recorría desde la nuca hasta los pies, y nuevamente me pregunté, ¿es madurez o es ese pinche virus invadiendo mi ser? Era tarde, todos habían conspirado en mi contra, y sin poder asimilarlo, ni entenderlo, me levanté de aquella silla, caminé hasta el viejo cascarrabias y tomé asiento frente a él, listo para el confesionario, era tarde, me desconocía a mí mismo, era tarde, ya era uno de ellos.