Diario de una obrera en Ciudad Juárez

mujer (1)
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Por: Berenice Alvarado Ramírez

Ciudad Juárez, Chihuahua

Jueves 14 de julio de 1994, 6:00 a.m.

Salgo de casa después de besar a mis hijos en la frente y desayunar un poco de pan con leche. He preferido dejar las dos piezas de huevo para el desayuno de mis pequeños: Berta y Luis.

En el camino todo luce sombrío. No miento, tengo miedo de caminar 2 kilómetros en medio de terrenos baldíos, para trabajar en la maquiladora. ¡No puedo llegar tarde! Mi jefe me despedirá si llego 10 minutos después y no cubro la producción del día. Me lo dijo aquella vez  cuando Berta enfermó de fiebre y Luis estaba en la escuela. Pienso en ello y todo parece nublarse.

De repente, una mano roza mi torso y me empuja hacia atrás, siento cómo unas manos gruesas me impiden tomar el control de mi propio cuerpo, forcejeo y entonces un golpe en el vientre me tumba al piso arenoso. Mientras tanto, un hombre gordo y alto comienza a tocar mi cuerpo y a gritar palabras horribles.  Recuerdo una calibre 22 en su mano derecha y un cuchillo en la izquierda, ante tal pavor, cierro los ojos como si al despertar me diera cuenta que esto es una pesadilla en vida. Los abro de nuevo, pero las cosas empeoran poco a poco: pienso en mis hijos, en mi empleo, en todo. Presiento que este es mi final, pero, ¿por qué tenía que acabar así? No puedo dejar solos a Berta y a Luis, ellos me necesitan.

Entonces, siento más dolor, hay mucha sangre, ganas de vomitar, miedo semejante al que experimentó Jesús ante la cruz al agonizar. Minutos más tarde, veo mi cadáver en una Ford 1990, con golpes, desnudo, sin uno de mis senos arrancado a mordidas y con un triángulo en la espalda.

Han pasado 48 horas después de mi desaparición, sigo con la esperanza de que vengan por mí, al menos, lo que resta de mí. Estoy como un perro sin amo frente a mi cadáver irreconocible, con rostro desfigurado y maltratado. Sólo me resta esperar aquí, entre el Lote de Bravo y Lomas de Poleo, en compañía de Teresa, María, mis compañeras de maquila, y al parecer una maestra y dos niñas más.

 

Símbolos en Feminicidios

 La Jornada menciona que hay casos en donde las víctimas de Ciudad Juárez tenían un triángulo en la espalda y había mutilación de sus senos.

Los dos símbolos anteriores están íntimamente relacionados con la naturaleza, características asignadas al género femenino y su relación con la fecundidad, el refugio, el nacimiento, la maternidad. También el triángulo simboliza fecundidad en la cultura maya, es un símbolo de ultraderecha en la actualidad y posee en la historia religiosa la contraposición entre el nacimiento y la muerte. Por lo tanto, esto podría explicar el uso de dicho símbolo en la espalda de algunas mujeres al momento de encontrar su cadáver.

En el caso de Puebla y las víctimas embarazadas, el vientre según su simbología es concebido como una atadura a la figura femenina, por considerar el destino de la mujer ligado a la procreación; vínculo existente entre la rol de género femenino, acuñado en la convencionalidad.

Cabe mencionar que estos símbolos están presentes en muchos de los casos de feminicidios de las dos entidades mencionadas.

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Por: Berenice Alvarado Ramírez