La primera mujer en mi vida (Especial día de las Madres)

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Recuperado http://www.oaxaca.media/politica/politicaygenero/la-madre-mexicana-entre-lo-divino-y-la-realidad/

Autor: Eduardo Arrequin

Tallos…

Ella se levanta a las cinco en punto

cada madrugada,

prepara el fruto de sus malhumores

para partir a enfrentar el mundo,

se toca la cara,

y se pone llorar.

En su hogar, cada tarde elabora con

delicadeza los reproches faltos de sal

a la hora de la comida,

lo gritos orquestados por el reloj

cuando decide apagarle el televisor

a todos,

el dolor, al mirarse en el espejo y no

tener la capacidad de contener más

sonrisas que arrugas en el rostro.

Ella hoy esta sola,

esperando a que se marchiten los bulbos

que adornarán sus nupcias definitivas,

mirando su vida a través de los halagos

que no escuchó el día que recibió la

primera bofetada de la bestia a la que amo.

Hoy sus frutos tienen raíces

y en ella se decoloran los recuerdos.

-La mujer que debió recibir más rosas

que tu amor eterno en la preparatoria,

hoy necesita un epitafio…

La primera mujer en mi vida

Madre…

No tomaré partido de lo que se

celebra hoy.

Es un día más.

No hablaré de los reproches que

ambos tenemos de cada uno,

(somos tan iguales),

ni haré mención de tu frustración

por desaparecer las arrugas en tu rostro,

(si se notan, pero no las odies,

te sientan bien),

y mucho menos escribiré de lo mucho

que me frustra tu obsesión por

el ejercicio,

(pero agradezco que te cuides).

Hoy, siendo un día más de la existencia

te doy gracias.

No hace falta decir de qué.

Pues no tienes que hacer más, ni hacer

menos para sentirte amada.

(eres fuerte, eres especial, ya lo eres todo

y lo eras todo antes de mi)

Te amo madre,

como te he amado y te amaré cada día

que has sido y seguirás siendo la primera

mujer en vida..

La abuela Berta 

Es el tercer año que paso

sin ti.

El primero te lloré;

no conocía el alcohol.

El segundo te prometí con

toda mi fe depositada en una botella

de whisky: no pecar más.

Después hice el amor.

Hoy estoy frente a mi escritorio,

escribiendo entre aroma a tabaco,

a café, a tinta, a papel; a no perdonarme

no haberte escrito antes.

Y es que se me quebró el pulso al

saber que nunca más llegaría a tu habitación,

y tú erguirías frágil tu cuerpo

solo para besarme las mejillas…

-No pasa nada mi muchachito.

Pasa que te moriste,

pasa que se acabó el whisky,

pasa que debo dejar el cigarrillo,

pasa que no podrás mentirme más

pues ya no te tengo.

Tal vez el cuarto año vuelva a creer en Dios,

sólo para reprocharle,

(sintiéndome el

diminuto ser que cargaste antes de cargar

contigo misma):

-¡Egoísta!, me diste dos madres.

Pero ya me quitaste una…