Órgano Histórico II

Este texto es la continuación de Órgano Histórico elaborado por el Doctor Gustavo Mauleón Rodríguez.

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Recuperado de: http://www.e-consulta.com/nota/2014-07-08/cultura/celebra-el-cecap-70-anos-de-la-fundacion-del-museo-jose-luis-bello-y

Ya en el siglo XVIII encontramos al bachiller Miguel Ordoñez construyendo órganos parroquiales, así como a Félix de Izaguirre (hermano de Tiburcio Sanz de Izaguirre), como constructor del “órgano grande” de la catedral de Puebla entre 1707 y 1710. Continuaron en esta época los hermanos Bernardo y José Rodríguez (hijos de Melchor Rodríguez) organeros y afinadores que prestaron sus servicios a la catedral, Bernardo entre 1720 y 1742, y José de 1743 a 1769. Al morir este último la plaza fue ocupada por su hijo Manuel Rodríguez hasta 1775. Otra importante familia de constructores de órganos poblanos fue iniciada también en la primera mitad del siglo XVIII por José Miguel Chacón Riviera, quien trabajó por largo tiempo como organero principalmente en las parroquias e iglesias de la ciudad y del interior de obispado de Puebla. Para 1774 ya lo encontramos en la catedral de Puebla como asistente del afinador Manuel Rodríguez y poco después encargado de la reparación del “órgano chico y el clave órgano”, hasta que fue nombrado afinador en propiedad en 1776 hasta su muerte en 1788, sucediéndole en dicha plaza su hijo, el notable organero y “profesor de música instrumental” Manuel José Chacón Duarte y Dávila.

Mediante la identificación y estudio de una fotografía que el fotógrafo alemán Guillermo Kahlo realizó hacia 1908 a los interiores de la iglesia del antiguo Hospital o Colegio de Niños Expósitos de San Cristobal de Puebla, hemos podido corroborar que, el órgano que a principios del siglo XX todavía se hallaba en el coro de la iglesia, corresponde en todas sus características formales y estructurales, con el órgano que actualmente se conserva en el Musei José Luis Bello y González. En efecto, cuando el orfanatorio desapareció en 1921 para ser incorporado a la Beneficencia Pública del Estado, el antiguo edificio del siglo XVII fue reacondicionado para su arrendamiento a particulares, siendo desincorporados también otros bienes de la antigua institución, y sin duda entre ellos el órgano tubular por lo que en ese momento el órgano pudo pasar a la colección de don Mario Bello.Tenemos constancia documental de que ya en 1715 José Miguel Chacón, siendo muy joven y tal vez ya oficial de organero, estaba trabajando en una reparación al órgano del convento de Santo Domingo de Puebla. En 1720 lo encontramos como constructor del órgano de la parroquia tlaxcalteca de Santa Ana Chiautempan, y resulta muy posible que durante esta época continuara trabajando en algunos órganos en la ciudad de Puebla, entre ellos en el órgano de la iglesia de San Cristóbal.

Cabe comentar que poco antes, el fabricante italiano de órganos, organelas y armonios Pablo Satriani, había llegado a Puebla y se había instalado en la calle de Astomba número 17 (actual 10 poniente 300), seguramente en el taller que tiempo atrás había pertenecido a los prolíficos organeros poblanos de la familia Castro. Por los contrapesos metálicos para los fuelles que llevan los datos del organero italiano, así como por otros testimonios documentales hallados durante la reciente restauración del  órgano en 1921, cuando el instrumento ya había sido trasladado a la casa del señor Bello.

Una famosa fotografía de Juan Crisóstomo Méndez, tomada a la sala de la casa en la misma década, muestra al órgano tubular seguramente ya restaurado ubicado hacia la parte oriente del recinto, dentro de un interesante escenario doméstico y en medio de la colección de instrumentos musicales, los libros de coro y otros objetos decorativos de interés musical. Otro indudable testimonio acerca de su constructor y de la intervención de Pablo Santriani, es una crónica de la visita a la entonces “casa-museo” del señor Bello, que publicó de arte José Miguel Quintana en 1937, en la que anunciaba, seguramente informado por el propio señor Bello, que el órgano había sido adquirido en Puebla, lo comparaba con los órganos de la catedral, afirmando además que su constructor era Chacón y que había sido restaurado por Satriani.

El órgano barroco del museo Bello es un instrumento que fue concebido como un órgano de “tercera especie” en términos del teórico Fray Pablo Nassare, es decir que se trataba de un instrumento pequeño de seis palmos y medio (4 pies) con una extensión en su “teclado partido” de Mi3  a Do7 originalmente con una octava corta, y una reducida familia de registros básicos para el órgano hispánico de estas características. El instrumento, como era lo más usual, sufrió una gran cantidad de alteraciones y modificaciones en sus diferentes componentes, llevadas a cabo bajo criterios y necesidades musicales de cada época y contexto, lo que ha representado un reto para su restauración y dificultado su estudio organológico. En el transcurso del siglo XX el órgano barroco del museo Bello tuvo distintas intervenciones: la ya comentada de Pablo Satriani  y otras a cargo de Rubin S. Freels (1974), Robert Pearson (1995-1996) e Ignacio Zapata (1999). No fue sino hasta 2008 en que se inició la última restauración Daniel Guzmán Vargas, cuyo trabajos pacientes y cuidadosos concluyeron en 2010, y es la que nos permite disfrutar ahora de las voces y armonías de un pasado lejano pero aún vivo, y de un órgano histórico recuperado bajo nuevos criterios que han respetado en lo posible los elementos de las diferentes y continuas etapas de cambio y evolución que ha vivido su historia este singular instrumento.

Como una manera de conmemorar esta histórica restauración, la Secretaría de Cultura del Estado de Puebla, puso en marcha una serie de criterios inaugurales y otras actividades en torno a la conservación y difusión  de este instrumento, sin duda el órgano funcionando más antiguo de Puebla. El presente disco representa uno de los pocos intentos actuales en México en la difusión de este tipo de instrumentos antiguos y de la música antigua para tecla, y se viene a sumar a la difusión en soportes sonoros, de otros órganos históricos notables del país como el órgano de la iglesia de los Remedios en Cholula, Puebla, el órgano de la catedral de México, el órgano de la parroquia de San Pedro Tepotztlan, estado de México, entre otros.

Las maestros “tañedores de tecla” que intervienen en el presente disco: Rafael Cárdenas y Víctor Contreras, son organistas que tienen ya una sólida trayectoria en el mundo organístico, nacional e internacional, ambos han ganado premios, grabado discos, dirigen festivales de órgano y música antigua, y con frecuencia son invitados por las principales orquestas sinfónicas, de cámara,  y conjuntos de música antigua del país, así como por festivales extranjeros. Ellos han realizado para este disco una propuesta muy personal para integrar  un programa que no se delimita solamente a la música organística o de tecla de la gran tradición hispánica  o ibérica, sino que han incluido también a importantes compositores de música para teclado de Portugal, Italia y Holanda, países cuyas influencias, confluencias y resonancias no dejaron de sentirse en la música española del Antiguo régimen. Asimismo se integraron al programa algunas piezas atribuidas a José de Torres y Martínez Bravo (*1670c; 1737), que pertenecieron al antiguo convento de monjas de la Santísima Trinidad de Puebla desde el propio siglo XVIII (actualmente custodiadas por el INMBA-CENIDIM  como parte de la colección Sánchez Garza), y se grabaron también dos obras provenientes de la catedral de Oaxaca atribuidas a la monja Sor María Clara del Santísimo Sacramento, también del siglo XVIII.

Finalmente quiero resaltar que en este disco también se invoca al gran organista ciego, el burgalés Antonio de Cabezón (*1510-1566), precisamente en el año en que estamos internacionalmente el quinto Centenario de su nacimiento (1510-2010), cuyo espíritu musical además ha vagado por los antiguos repositorios poblanos posiblemente desde el siglo XVI al conservarse en esta ciudad uno de los pocos ejemplares que existen en el mundo de su famoso libro impreso titulado obras de música para tecla, arpa y vihuela,  que fuera patrocinado por el rey Felipe II, y editado por su hijo Hernando de Cabezón en 1578, de cuya edición, ahora sabemos, llegaron a la Nueva España siete ejemplares en 1586.

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Autor: Gustavo Mauleón Rodríguez

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